La sanidad va por barrios | Esenciales para la vida

La sanidad va por barrios

La sanidad va por barrios

¿Sabías que… en un mismo país como es Guatemala, la tasa de mortalidad materna en las zonas rurales de la región de Baja Verapaz es un 150% mayor que la del área metropolitana? Continuamos la serie de artículos en torno a la campaña y el concurso #Visualizarte por el derecho a la salud, poniendo el foco en una de las variables que más condicionan el acceso a los medicamentos esenciales.

Parece mentira que en el siglo XXI, en el que se tiende a proclamar que todo está al alcance de la mano en un instante, la localización geográfica sea un factor tan trascendental para nuestro acceso a sistemas sanitarios y medicamentos esenciales. Pero así es. Ocurre en los núcleos de población más dispersos, donde la escasez de infraestructuras y medios de transporte excluyen a sus habitantes de los servicios de salud propiciados por el Estado.

GOPR2641Al final, el problema reside en esa falta de una adecuada distribución de los medicamentos, pero también en la inexistencia de una industria local que permita producirlos para todo el país, por lo cual se genera una brecha enorme entre las zonas urbanas y las rurales, incluso en el seno de una misma región. Es el caso de naciones como Guatemala, donde la tasa de mortalidad materna en el departamento de Baja Verapaz alcanza el 213.3, mientras en el área metropolitana se sitúa en 84.94 (2,5 veces menos). También Perú, donde un 73.4% de la pobreza extrema se concentra en torno a poblaciones rurales.

Tal es la magnitud de esta desigualdad entre áreas rurales y urbanas, que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha propuesto una serie de medidas para erradicarla. Así, por un lado, insta a los Estados a que faciliten licencias para mejorar la red de distribución. De igual forma, reconoce como dispensadores de productos sanitarios a médicos que se hallen en zonas donde no existan establecimientos especializados. Finalmente, la OMS también urge a establecer planes farmacéuticos comunitarios, que contemplen a la totalidad de la población en cada país.

Sin embargo, hay al menos otros dos importantes factores que dificultan el cumplimiento del derecho a la salud en numerosas partes del mundo. Uno de ellos es de corte sociocultural y afecta a las poblaciones indígenas. Las estadísticas dicen que hay entre 6 y 20 años de diferencia en la esperanza de vida de esas etnias y de la población mayoritaria en países como México, Nepal, Canadá o Australia. Para luchar contra esta flagrante inequidad, los modelos estatales de salud deben preservar los sistemas indígenas y la medicina tradicional como estrategia para aumentar el acceso y la cobertura sanitaria.

Otro factor desequilibrante para el acceso a la salud, en este caso de carácter sociopolítico, son las situaciones de crisis que devienen guerras, guerrillas, gobiernos inestables, sociedades militarizadas, grupos terroristas y paramilitares, etcétera.  Tras un conflicto armado o en contextos políticos convulsos, tienden a producirse dos fenómenos: los gobiernos no son capaces de proveer de cobertura sanitaria a la mayor parte de la población; y esta última desconfía de las instituciones estatales, lo que dificulta aún más el acceso a esos servicios de salud para determinados grupos poblacionales. En tales casos, es necesario que la comunidad se organice para garantizar unos servicios mínimos de atención primaria.

Siguiendo este análisis, parece evidente que a veces nuestra entera salud puede depender de en qué lado del planeta nos hallemos al nacer, o de dónde acabemos viviendo. Pero, ¿y qué hay de algo tan inevitable como el hecho de pertenecer al género femenino o al masculino?

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