Los datos de hoy, la cura de mañana | Esenciales para la vida

Los datos de hoy, la cura de mañana

Los datos de hoy, la cura de mañana

¿Sabías que… menos del 50% de las mujeres embarazadas en el África Subsahariana son atendidas en el parto por personal sanitario especializado? La mortalidad materna es la punta del iceberg que representan, a lo largo y ancho del planeta, las desigualdades de género en el ámbito de la salud. Abordamos, como parte de la campaña #Visualizarte y su concurso de vídeos, algunas diferencias específicas entre hombres y mujeres, según su grupo de edad, en el cumplimiento de este derecho del que ninguna persona debería verse privada.

Atención sanitaria a mujeres de las comunidades pigmeas en RDCongo. Farmamundi.

Atención sanitaria a mujeres de las comunidades pigmeas, RDCongo. Farmamundi.

Decíamos ayer: sólo conociendo cuáles son los patrones de género vinculados a las alteraciones del pleno acceso a la salud por parte de las mujeres en todo el mundo, podremos trazar una agenda que nos permita asumir o exigir responsabilidades y compromisos concretos en la lucha contra ese desequilibrio en el cumplimiento de un derecho humano esencial; como la vida misma, se diría, puesto que en muchos casos estaremos hablando de la delgada línea que separa la vida de la muerte. A falta de un  documento más reciente, en este artículo seguimos el informe publicado en 2009 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y titulado Las mujeres y la salud: los datos de hoy, la agenda de mañana, para recorrer las principales diferencias entre ambos géneros que existen en este ámbito, atendiendo a las diferentes etapas de sus vidas.

Así, durante la infancia aún es difícil establecer grandes desigualdades en los indicadores de salud pero, con todo, ya surgen al menos dos problemas capitales que se reproducen hoy día en todo el mundo. Con mayor prevalencia en determinadas zonas geográficas, la mutilación genital y las afecciones derivadas de la misma tienen como víctimas mayoritarias a niñas. También ellas son quienes presentan más probabilidad de sufrir una agresión sexual: un 25,3%, frente al 8,7% de los niños a escala mundial. Además, las niñas de hasta 5 años padecen con mayor frecuencia la desnutrición en aquellas zonas donde se manifiesta de forma crónica.

Pero es en la adolescencia donde comienzan a aparecer los problemas de salud en los que el sesgo de género influye de manera determinante. Como consecuencia de las relaciones sexuales forzadas o de riesgo, ellas tienen más opciones de contraer Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) entre las que se halla el VIH/SIDA. Asimismo, la OMS destaca que cada año se producen unos 16 millones de partos de adolescentes, un 95% de ellos en países de ingresos bajos y medianos. Al margen del riesgo para su salud –es la segunda causa de muerte entre chicas de 15 a 19 años en todo el mundo–, esta situación puede conllevar repercusiones sociales y económicas negativas para las chicas, en el seno de sus familias y sus comunidades.

Respecto al grupo de mujeres adultas, factores como la capacidad económica y la libertad de movimiento influyen de forma considerable en su salud, y la inequidad de género es ya patente. A la cabeza de los efectos de estas desigualdades se hallan nuevamente las ITS –principal causa de morbilidad para mujeres entre 20 y 59 años– y las complicaciones relacionadas con la maternidad y la falta de recursos familiares/estatales: el 99% de las muertes maternas anuales se producen en países empobrecidos y menos de un 50% de las mujeres embarazadas en el África Subsahariana son atendidas durante el parto por personal sanitario especializado. Por si fuera poco, las mujeres en esta franja de edad no logran recibir un tratamiento adecuado ni siquiera para enfermedades comunes como lesiones óseas o musculares, tuberculosis y enfermedades respiratorias, debido a su falta de acceso al mercado laboral o por otros hábitos socialmente consolidados que las sitúan en una escala inferior a la del hombre.

Finalmente, las mujeres de 60 años o más se ven sometidas a diferencias de género en el acceso a tratamientos para combatir enfermedades crónicas –causa del 45% de las muertes en este grupo de edad– y el cáncer. En este momento vital también es frecuente que aparezcan en ellas problemas de salud derivados de los factores de riesgo asumidos a lo largo los años anteriores, y que no fueron tratados de modo conveniente.

En definitiva, las conclusiones de la OMS ponen de relieve la influencia recíproca de causas biológicas y socioambientales, entre ellas las de género, en la salud de las mujeres. Es importante entender esa interrelación de factores para darnos cuenta de que muchas de las desigualdades en salud son evitables, medicables y en última instancia curables.

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