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Hablar de género no es hablar de sexo femenino ni tampoco equivale a mujer. El término sexo hace referencia a las diferencias biológicas entre el hombre y la mujer, pero no determina los comportamientos. El término género hace alusión a los roles socialmente construidos alrededor de esas diferencias; a las desigualdades en torno a la distribución de las funciones que una sociedad considera apropiadas para mujeres y hombres; a la interrelación entre ambos y las diferentes relaciones de poder/subordinación en que esas interrelaciones se presentan.

Es preciso señalar que el problema no es que existan desigualdades, sino que éstas sitúen sistemáticamente en desventaja al mismo grupo. El acceso a la salud por parte de las mujeres es inequitativo por factores que son explicados por el género y que influyen de una manera injusta: patrones de socialización, roles familiares, obligaciones, expectativas laborales, tipos de ocupación… Como dato significativo el 70% de la población que vive con un dólar o menos al día, son mujeres o niñas. Es lo que se conoce como “feminización de la pobreza”.

El análisis de género ha visibilizado estos desequilibrios en el acceso a los bienes y recursos esenciales, como por ejemplo la alimentación, la educación, la salud y el acceso a medicamentos.

En palabras de la OMS, “las mujeres comparten con los hombres muchos problemas de salud, pero las afectan de manera diferente. La prevalencia de la pobreza y la dependencia económica entre ellas, su experiencia de violencia, los prejuicios de género en el sistema sanitario y la sociedad en general, la discriminación por motivos de raza u otros factores, la limitada capacidad de decisión que muchas mujeres tienen con respecto a su vida sexual y reproductiva, y su falta de influencia en la adopción de decisiones son realidades sociales que influyen negativamente en su salud”.

El enfoque de género visualiza muchos de los patrones que modelan distintos perfiles de salud y enfermedad en la actualidad; así mismo, propone avanzar hacia el respeto al derecho a la protección de la salud de todas las personas considerando las diferencias biológicas entre mujeres y hombres, así como las desigualdades sociales derivadas del sistema tradicional de género en todo el mundo. Analiza la situación de salud de mujeres y hombres de los diversos grupos de edad y busca reducir el impacto nocivo sobre la salud determinado por roles, estereotipos y relaciones desiguales. Establece los mecanismos para propiciar una verdadera igualdad de acceso a medicamentos y atención a la salud, así como permitir el disfrute de una vida saludable, permitiendo una más adecuada detección y atención de los problemas de salud de la población femenina.