El actual sistema de I+D, basado en patentes, provoca que las decisiones acerca de qué medicamentos son o no investigados sean tomadas por la industria farmacéutica y, por tanto, no en términos de las necesidades globales y reales de salud de la población mundial, sino en función de las posibilidades de lucro de esta industria.

La agenda de I+D de nuevos medicamentos y vacunas se define normalmente atendiendo a los mercados comerciales y no a las necesidades de salud de la población. En este sentido destacan las enfermedades ignoradas, desatendidas u olvidadas, que son las que a pesar de afectar a una gran parte de la población mundial, no reciben suficientes recursos en I+D por parte de la industria.

Una muestra de ello es que de los 850 nuevos fármacos puestos en el mercado en el mundo entre 2000 y 2011, sólo el 4% (37 exactamente) eran para enfermedades ‘olvidadas’ o ‘ignoradas’. En la actualidad 8.000 personas mueren al día en el mundo por estas enfermedades.

Otro de los defectos a señalar del actual sistema es que en los últimos años se ha producido una disminución drástica en la innovación terapéutica de nuevos medicamentos. El actual modelo de I+D favorece que la innovación se conciba como una mera alteración de la estructura química de la molécula con el fin de hacer negocio y no una verdadera innovación terapéutica con beneficio probado para el paciente. Entre 2006 y 2013, en Francia, el número de moléculas que aportaron un progreso terapéutico importante, disminuyó drásticamente, pasando de 22 moléculas en 2006 a solamente uno en 2011 y cero en el 2012 y 2013.

El sistema de patentes tiene asociado, además, una ausencia total de transparencia en relación al coste de la I+D de un nuevo fármaco, obteniendo cifras muy dispares, según sea la fuente consultada. Frente a los 1.300 millones de dólares que declara la industria farmacéutica, estudios publicados en la London School of Economics han estimado una media de 43.4 millones de dólares para el desarrollo de una nueva molécula. Por su parte, la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi, por sus siglas en inglés) sitúa estos costes entre los 100 y 150 millones de dólares.

Es difícil admitir que buena parte de la inversión de la industria farmacéutica vaya destinada a publicidad y marketing (por encima, en muchos casos, de la propia inversión en I+D+i) y que ésta no vaya precisamente ligada a problemas de salud que afectan y matan a tantos millones de personas cada año, y sí a la medicalización de procesos naturales de la vida como el envejecimiento o de síntomas menores como la calvicie, la celulitis o el síndrome postvacacional.