La salud no admite demoras | Esenciales para la vida

La salud no admite demoras

La salud no admite demoras

¿Sabías que… en los países en desarrollo, las complicaciones en el embarazo o el parto representan la segunda causa de muerte de las mujeres en edad de procrear? Todo ello pese a que, a menudo, se conoce el tratamiento médico de esas complicaciones. Nos detenemos a comprobar los efectos concretos que tiene la desigualdad de género en la salud de mujeres de todo el mundo, siguiendo con la campaña informativa #Visualizarte y el certamen de vídeos asociado a la misma.

Tras haber analizado las causas, nos quedaba pendiente conocer la cruda realidad de los efectos que la inequidad de género en materia de salud provoca sobre la mitad de la población mundial, las mujeres. Para entender las distintas dimensiones de este terrible problema, resulta útil volver la vista a la aclaración que sobre el término salud hace la propia Organización Mundial de la Salud (OMS). Así, al hablar de salud no solamente nos referimos a la ausencia de afecciones o enfermedades, sino a «un estado de completo bienestar físico, mental y social». Tres caras de la desigualdad global en este ámbito.

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Campos de refugiados en Kenia. Atención sanitaria en emergencias y sumistro de medicamentos. /Farmamundi

Millones de mujeres en todo el mundo están condenadas a sufrir determinados obstáculos sociales, que no sólo les impiden desarrollar sus vidas de forma igualitaria sino que pueden deteriorar sus condiciones de vida y, por ende, su salud. La alta incidencia de embarazos no deseados y sin espaciar, junto con la falta de acceso a la educación y la salud, la dependencia económica y la sobrecarga de responsabilidades, coartan sus oportunidades –laborales, personales– y perpetúan su pobreza.

Otro efecto de la inequidad en salud y de la situación de inferioridad en que se hallan muchas mujeres, es el deterioro de su bienestar psicológico. Aquí es donde vemos claramente las consecuencias de una sociedad machista y patriarcal que, aceptando en su seno los roles de género, la discriminación y hasta la violencia contra ellas, les generan un desgaste mental (inseguridades, trastornos, miedos, frustraciones…) que suele acabar presentando dos terribles vías de escape: su medicalización de por vida o el suicidio.

Finalmente, los efectos físicos de las desigualdades en salud son muy numerosos: desde la alta incidencia de maternidad adolescente e infantil a la falta de atención sanitaria más allá de la edad fértil, pasando por las prácticas de riesgo en interrupciones del embarazo, el mayor riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual y la alta prevalencia general de enfermedades. Al fondo de todo este deterioro del bienestar físico, se encuentra la peor de las noticias: el índice de mortalidad materna, a menudo innecesaria y  prematura. En los países en desarrollo, las complicaciones durante el embarazo o el parto representan la segunda causa de muerte de las mujeres en edad de procrear –sólo por detrás del VIH/SIDA.

Para darnos cuenta de lo evitable de esas muertes, cabe señalar que uno de los factores de esa tasa está constituido por las llamadas cuatro demoras en la atención de las mujeres embarazadas: 1) demora en el reconocimiento del problema; 2) en la toma de decisiones sobre la búsqueda de atención sanitaria; 3) a la hora de acudir a los servicios de salud, por no estar preparados o por falta de recursos; y 4) en recibir una atención a tiempo y de calidad. Son sólo algunas de las causas que nos ponen delante cifras tan estremecedoras como que 830 mujeres mueren a diario por complicaciones en el embarazo o el parto. Pero son tantos los datos negativos en torno a la mortalidad materna, y tanto nuestro desconocimiento, que tendremos que aplazarlos a un próximo artículo en este blog.

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