Desiguales en la salud y en la enfermedad | Esenciales para la vida

Desiguales en la salud y en la enfermedad

Desiguales en la salud y en la enfermedad

¿Sabías que… el 70% de la población mundial que vive con el equivalente a 88 céntimos de euro o menos al día son mujeres y niñas? En el marco de la campaña asociada al certamen de vídeos #Visualizarte, llegamos a la cuestión central de la misma: los factores asociados al género que influyen en el acceso a la salud de millones de mujeres en todo el mundo.

En nuestro artículo anterior, analizábamos los condicionantes geográficos en el cumplimiento del derecho a la salud como un elemento muy a tener en cuenta: según dónde nazcamos o dónde acabemos viviendo, así podremos disponer de unos u otros servicios sanitarios. Pero, ¿y qué hay de algo tan inevitable como el hecho de pertenecer al género femenino o al masculino? Acceder a unos mínimos cuidados en salud y obtener una serie de medicamentos básicos es –como también hemos visto en este blog– un derecho humano, no exclusivo de los hombres. Y sin embargo…

La inequidad de género y el patriarcado, aún muy presentes en la práctica totalidad de las sociedades (incluida la occidental), son problemas transversales que acaban afectando a numerosos aspectos de nuestras vidas y a derechos fundamentales como la educación o la igualdad ante la ley. En este sentido, la salud no es una excepción. Mujeres y niñas sufren en todo el planeta, con mayor gravedad aún en países de renta media o baja, fuertes barreras en el acceso a los servicios de sanidad y a los tratamientos que requieren.

Valga como dato de partida el hecho de que, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, un 70% de la población mundial que vive con un dólar (el equivalente a 88 céntimos de euro) o menos al día pertenecen al género femenino. Esta llamada feminización de la pobreza, junto a otras realidades como la violencia física o psicológica, las enfermedades de transmisión sexual y la sumisión a los hombres –que en muchas sociedades son quienes acaban decidiendo si las mujeres acuden o no al centro médico–, explican esa enorme brecha de género global en el acceso a la salud.

Si dejamos a un lado el enfoque de género, podemos afirmar que la salud de mujeres y hombres presenta diferencias ya en origen: en efecto, hay una serie de condicionantes biológicos (ya sean genéticos, hereditarios, fisiológicos, etc.) que se manifiestan de forma distinta en la salud y en el riesgo de enfermedad para ambos sexos. Sin embargo, lo importante –por evitable– es la desigualdad en el cumplimiento del derecho a la salud y la injusticia resultante de ello; a las que da pie, en buena medida, la cuestión de género. Entre los factores de esta inequidad de género en materia de salud, cabe mencionar los patrones de socialización, los roles familiares, las obligaciones, las expectativas laborales y los tipos de ocupación… Cuestiones que con frecuencia generan sobrecarga física o emocional en las mujeres y que tienen una fuerte incidencia en su salud.

Como nos recuerda el siguiente vídeo (producido el pasado año por Farmamundi y apoyado por la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo – AEXCID), en la Tierra viven más de 3.500 millones de mujeres, que representan un 49,6% de la población mundial. Pero hablar de género no es sólo hablar de ellas: la desigualdad y su contrario, aquello a lo que aspiramos, depende de todos. Por eso el primer paso lógico parece informarnos, tomar conciencia de esos desequilibrios para, a continuación, exigir que se respeten la igualdad de derechos y el derecho a la salud. ¿Empezamos?

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